viernes, 8 de marzo de 2013

Hace algunos años.


      Abro la bolsa una vez más, quiero comprobar que nada falta aunque sea la tercera vez que lo hago, mi compañero hace lo mismo con su maleta donde guarda el rendimiento de jugadores y equipos de todo el mundo. Salimos de la habitación, avanzamos por el pasillo que nos conduce al rellano donde el ascensor nos lleva al hall del hotel, allí unos sentados intentan disimular mientras otros ya no pueden estar quietos y caminan. El pulso empieza a estar un poco más alto de lo normal, la competición esta cerca y el estado de tensión se empieza sentir incluso en nuestras miradas. Llega el último jugador y subimos al autobús, en el camino algún autógrafo y alguna foto que los jugadores intentan evitar para no perder en lo posible la concentración, cuatro policías en moto nos escoltan algo que no hace más que incrementar el estado que ya tenemos ante un enfrentamiento de este tipo. Tras unos diez minutos de trayecto entramos en el complejo deportivo, más policía y empezamos a divisar al público subiendo por las escaleras que conducen al palacio. Primeros gritos, algunos de apoyo y la mayoría avisándonos de lo que nos espera, una puerta, una escalera, un pasillo frío y a media luz  en el que se empieza a escuchar un ruido de fondo, “deben estar probando la megafonía” comenta un joven jugador. Según nos acercamos a una zona abierta al interior del palacio podemos descubrir que cerca de siete mil personas ya están gritando y bailando para su selección, no podemos hacer otra cosa que tragar saliva y continuar el camino que nos conduce al vestuario. A falta de noventa minutos para el comienzo  ya sentimos algo diferente, cada uno a su manera intenta aislarse, diferentes rituales marcan la personalidad, uno con el que en el club compartí grandes triunfos besa las fotos de su familia, otro alejado de los demás reza, en el aseo otro termina de expulsar el vómito que le permite estar a punto para el partido, ¿nervios? puede ser pero después siempre jugó sensacional. Todos diferentes pero unidos en un círculo para juntar sus manos y gritar como símbolo de compromiso ante una batalla que va a comenzar. Últimos consejos, instrucciones o consignas, no hace falta una gran dosis de motivación, una gran competición contra el campeón olímpico y en su casa, no se puede pedir más. De nuevo un pasillo frío que contrasta con el ambiente que encontraremos en la pista, me adelanto quiero salir delante para sentir la reacción de la gente, solo nos faltan las escaleras que ya están iluminadas por los focos que dejan en la penumbra a las más de veinticinco mil voces  que nos presionaran hasta la extenuación, la derrota que sufrieron en nuestro país es una herida aún abierta que quieren cicatrizar lo antes posible. Intentaremos que no ocurra, asomamos y sin acabar de llegar al último escalón los silbidos parecen llegar hasta el interior de cada uno de nuestros cuerpos, ¡qué sensación! la carne de gallina, la cabeza intentando ordenarse para buscar la normalidad necesaria para afrontar el partido. El amarillo cubre parte de la grada, el verde y blanco cubre la otra, como alumnos disciplinados visten las camisetas del sponsor dando uniformidad a todo un palacio que cobra vida con los continuos cánticos acompañados de coreografías que parecen haber sido ensayadas a diario. Todo pasa más rápido de lo habitual, cuando queremos tomar aire estamos alineados escuchando los correspondientes himnos, un respetuoso silencio no hace más que elevar los niveles de adrenalina. La mano y un recuerdo, ya esta no hay que esperar más, desde mi posición puedo observar todo el espectáculo acompañado de un guardia de seguridad, debo ser el punto dentro de toda esta marea amarilla, él sonríe esta tranquilo y eso hace que yo también. Dos jóvenes se giran y me hacen el gesto típico con el pulgar hacia abajo, el guardia les llama la atención pero las muecas no paran, en dos metros cuadrados estoy rodeado por veinticinco mil y con un guardia, tendré confianza. La cámara, el walkie, la primera comunicación para comprobar que nos escuchamos aunque parezca increíble, la carpeta, bolígrafo, etc… todo listo arriba y en la pista también. Confirmación con los capitanes por parte de arbitro, el balón llega al jugador que debe realizar el primer saque, la televisión da el ok y el arbitro de la orden, a partir de ahora todo ocurrirá MIENTRAS EL BALÓN VUELA…